Mi nombre es Cristóbal... Bueno, ese nombre me lo puso mi mamá el día que me encontró, hace unos cuantos meses.No es un nombre como para echar cohetes pero con las prisas sólo se le ocurrió este, quizás porque me encontró debajo de la estatua de este tío.
Actualmente me lo ha intentado cambiar por otro más bonito pero yo ya no atiendo a otros nombres y lo he intentado, pero es que parece que no me hablan a mí...
Yo no estaba tan guapo como me véis ahora, la verdad daba lástima verme, ni siquiera puedo hablar de lo que me ocurrió... Me da mucha pena.
Lo que puedo contar es lo que pasó el día en que mi mamá me encontró.
Mi mamá, la humana a la que ahora llamo mamá, es bailarina y me crucé en su camino en Abril del 2006, veréis...
Ella iba en coche con su compañero de trabajo y su mamá, la que ahora es mi abuela, claro.
Pues ella iba con la vista fija en la carretera, en el asiento de atrás, iban pasando por delante del monumento de ese señor que descubrió América, el Colón y me vió por el rabillo del ojo.
Entonces muy nerviosa, le pidió a su compañero de trabajo que parara ahí mismo, ella quería bajarse a toda costa y asegurarse de lo que había visto y como es muy cabezota (afortunadamente para un servidor) se bajó, seguida de mi abuela, con un montón de mochilas y bultos pues venía de trabajar fuera de la ciudad...
Y yo estaba ahí... asustado, sucio y desnutrido.
Un alma caritativa me había puesto un platito de comida y un vaso de agua, pero yo estaba más preocupado porque nadie me cogiera y de correr de un lado para otro, evitando a los humanos, que de la comida.
Si hubiérais visto lo que los humanos hacen a los gatos y a otros animales... también correríais.
Ella quiso cogerme pero yo me escabullí y me metí debajo de la barriga de uno de los leones de la plaza, se ve que preguntaron por mí en las taquillas del monumento y alguien les dijo que yo llevaba 4 días allí, sin moverme, pero huyendo todo el tiempo... la verdad es que estaba muy cansado y exahusto de de tanto huir.
No había manera de pillarme, si ellas venían por un lado yo las veía de reojo y haciéndome el loco, saltaba al lado contrario, jugamos a esto unas 6 horas, pero mi mamá y mi abuela no se daban por vencidas... ¡Las tías!, correteaban detrás de mí y me decían cosas en voz baja, pero yo no quería saber nada de los humanos.
Me persiguieron implacables y sin darme tregua, pero yo no iba a caer tan fácil.
Cuando las fuerzas me abandonaron y creí que se habían marchado, me metí al final de las escaleras que bajan hasta las taquillas del monumento y creo que me quedé un poco adormilado, ¡Estaba tan cansado...!
De pronto, abrí los ojos sobresaltado, alguien se abalanzó sobre mí con una manta, logré zafarme en segundos, ¡Pero otra manta me esperaba escaleras arriba!, - ¡Es mi fin! - Pensé.
En la lucha, mi boquita se tropezó con una mano, como me quedaban pocas energías para pelear, en un intento final por librarme de ellas, clavé los dientes a esa mano infame, hincando con todas las fuerzas que quedaban en mi cuerpo, mi colmillito en uno de sus dedos.
Era la mano de mi mamá, pero recibieron las dos... también agarré a mordiscos a mi abuela, vendí caro mi cuerito y eso que estaba extenuado.
Después parece que pegué varios mordiscos más, a diestro y siniestro... salieron heridas las dos, (ahora ya me han perdonado, sabían que estaba muy asustado), escuché unos quejidos, barullo, ruido de discusión entre ellas, jadeos y resoplidos, al final me metieron en una jaula con mantita y todo pa'dentro, luego... la oscuridad.
No sé cuánto tiempo estuve metido en esa maldita caja sin ver nada, pero por si acaso me quedé bien callado, alerta y escuchando todo a mi alrededor, el corazón me latía más rápido que a un canario...
Al rato, me sacaron.
Oí voces, había un señor con bata blanca, hablaban de mí, mi mamá y mi abuela me miraban muy raro, yo diría que con compasión y no parecía que quisieran hacerme daño, estaban las dos muy despeinadas y sudorosas del esfuerzo de atraparme, además como les había dado su merecido, sangraban las dos de las manos, para mi satisfacción... ellas se lo buscaron, uno no se puede fiar de los humanos...
Me metieron en otra jaula y cuando menos lo esperaba, a traición, sentí un pinchazo en el lomo.... después creo que me quedé dormido, mientras el sopor se apoderaba de mí, sentí un profundo alivio que venía desde lo más hondo de mi ser, estaba descansando ajeno al ruido exterior.
Mi pequeño cuerpo ya no era mío, me manipulaban con bastante suavidad, si tengo que ser sincero, creo que hasta me bañaron, me pincharon, me hurgaron de forma indecorosa, me revisaron enterito, en sueños oí decir al humano con bata que yo estaba muy débil, que se me notaban las tripitas y otros órganos vitales através de mi piel, - ¡Pues sí que estoy mal! - pensé.
Pero era como si ya todo diese igual, no podía moverme, sólo respirar y dejarme hacer, ¡Malditos!, ¡Hasta un termómetro infame me metieron por donde no brilla el sol!
Después mi mamá y mi abuela me metieron otra vez en esa caja y nos fuimos con un rumbo desconocido para mí.
1 comentario:
Qué gatito tan valiente!!!
Publicar un comentario